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Con deseos de Paz profunda
Luz Marina Echavarría
Escritora
Introducción
Como y por qué combatir la violencia doméstica
" La violencia no es el remedio, tenemos que hacer frente al odio con amor"
Martín L. King -
“Defensor de los derechos humanos”
La Violencia doméstica tiene un origen patriarcal. Mientras la sociedad no cambie, existirá este problema en forma latente, porque esta relacionada con el hombre y la mujer que son los pilares sobre los cuales se fundamenta la familia y por ende la sociedad.
Para combatir la violencia doméstica debemos replantearnos lo que significa ser hombre y mujer dentro de los patrones de la sociedad actual y formar nuevos escenarios de búsqueda de libertad y de desarrollo personal, despojándonos del machismo y feminismo imperante en la humanidad. Dentro de este contexto, tendremos que abocarnos a formar individuos respetuosos de la libertad e igualdad entre los seres humanos, dejando atrás el espejo en que se miran los hombres, el cual les devuelve la imagen de injusticia que sufrimos las mujeres y viceversa (en algunos casos)
En general la mujer ha sido abusada desde tiempos patriarcales y ha sufrido por una doble moral masculina que ha apoyado la igualdad del género, pero en la vida práctica rechaza los avances de las mujeres cuando por este avance se sienten afectados en forma personal.
Hay que cambiar los modelos masculinos y femeninos que se han aprendido desde pequeños, porque estos determinan las conductas erróneas que seguimos y nuestros pensamientos están determinados por ellos. El patrón en el cual esta basado nuestro criterio de “masculinidad” genera agresividad en la competitividad porque determina la forma en que el hombre tiene que renunciar a sus sentimientos, como vía para alcanzar sus objetivos dentro de la sociedad. Esta supresión de sentimientos por una “masculinidad” ha formado una sociedad que aunque condena abiertamente la violencia doméstica la tolera y soporta.
Las soluciones para cancelar esta doble moral social, están basadas en adquirir una igualdad real entre hombres y mujeres, eliminando toda clase de discriminación, rompiendo con el esquema de la fortaleza masculina, fundamentado en la falsa base de que el hombre debe ser fuerte en todo momento sin reconocerles el derecho que como seres completos tienen etapas de fortaleza y seguridad, pero que así mismo, en el ser humano conviven también los miedos, las inseguridades, las frustraciones y la tristeza. Debemos humanizar nuestro concepto masculino y reconocer que el ser humano es afectivo, sensible y vulnerable.
Los hombres y las mujeres debemos ser positivos hacia los demás y confiados en nosotros mismos, estando conscientes de que somos seres que nos adaptamos a los cambios y que nos podemos apoyar unos a otros para lograr cambiar de manera positiva la sociedad, para erradicar de ella la violencia doméstica....
" La violencia no es el remedio, tenemos que hacer frente al odio con amor"
Martín L. King -
“Defensor de los derechos humanos”
La Violencia doméstica tiene un origen patriarcal. Mientras la sociedad no cambie, existirá este problema en forma latente, porque esta relacionada con el hombre y la mujer que son los pilares sobre los cuales se fundamenta la familia y por ende la sociedad.
Para combatir la violencia doméstica debemos replantearnos lo que significa ser hombre y mujer dentro de los patrones de la sociedad actual y formar nuevos escenarios de búsqueda de libertad y de desarrollo personal, despojándonos del machismo y feminismo imperante en la humanidad. Dentro de este contexto, tendremos que abocarnos a formar individuos respetuosos de la libertad e igualdad entre los seres humanos, dejando atrás el espejo en que se miran los hombres, el cual les devuelve la imagen de injusticia que sufrimos las mujeres y viceversa (en algunos casos)
En general la mujer ha sido abusada desde tiempos patriarcales y ha sufrido por una doble moral masculina que ha apoyado la igualdad del género, pero en la vida práctica rechaza los avances de las mujeres cuando por este avance se sienten afectados en forma personal.
Hay que cambiar los modelos masculinos y femeninos que se han aprendido desde pequeños, porque estos determinan las conductas erróneas que seguimos y nuestros pensamientos están determinados por ellos. El patrón en el cual esta basado nuestro criterio de “masculinidad” genera agresividad en la competitividad porque determina la forma en que el hombre tiene que renunciar a sus sentimientos, como vía para alcanzar sus objetivos dentro de la sociedad. Esta supresión de sentimientos por una “masculinidad” ha formado una sociedad que aunque condena abiertamente la violencia doméstica la tolera y soporta.
Las soluciones para cancelar esta doble moral social, están basadas en adquirir una igualdad real entre hombres y mujeres, eliminando toda clase de discriminación, rompiendo con el esquema de la fortaleza masculina, fundamentado en la falsa base de que el hombre debe ser fuerte en todo momento sin reconocerles el derecho que como seres completos tienen etapas de fortaleza y seguridad, pero que así mismo, en el ser humano conviven también los miedos, las inseguridades, las frustraciones y la tristeza. Debemos humanizar nuestro concepto masculino y reconocer que el ser humano es afectivo, sensible y vulnerable.
Los hombres y las mujeres debemos ser positivos hacia los demás y confiados en nosotros mismos, estando conscientes de que somos seres que nos adaptamos a los cambios y que nos podemos apoyar unos a otros para lograr cambiar de manera positiva la sociedad, para erradicar de ella la violencia doméstica....
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